Sembrar
¿Es tiempo de
sembrar o de cosechar?
Adrián Marcos Vázquez
Hace poco leí una
frase de John D. Rockefeller, el hombre más rico del mundo en su tiempo y al
que le pidieron que diera un consejo a la juventud. Suponemos que la idea era
que ofreciera algún secreto de qué estudiar o qué negocio emprender para
alcanzar la riqueza. Sin embargo, la respuesta fue menos glamurosa pero quizás
más profunda de lo que a priori se puede pensar al oírla:
“Los jóvenes
tienen que entender que la juventud es tiempo de siembra y no de cosecha”.
Y ahora me
planteo sobre la certeza o no de esas palabras.
Por un lado, tenemos
que los jóvenes como yo, estamos ahora alcanzando una plenitud de vitalidad,
que unida a una situación socioeconómica favorable nos permite el dedicar una
parte importante de nuestro tiempo a disfrutar de todo aquello que la vida nos
puede ofrecer. Me refiero a salir con los amigos, ir a conciertos o discotecas,
practicar deportes o disfrutar de todo tipo de actividades que nos ofrezcan
satisfacciones, incluidos los videojuegos o las redes sociales. Y, sin embargo,
nuestros adultos, y aquí incluyo especialmente a padres y profesores, se
empeñan en obligarnos a dedicar casi la totalidad de nuestro tiempo al estudio
y formación. Sería pues tiempo de cosechar experiencias, descubrimientos,
satisfacciones, etc… pues el futuro nos cargará progresivamente unas
responsabilidades que nos obligarán a dedicar nuestro tiempo al trabajo, a la
familia, etc…
La vida solo es
una, sólo una cosa es segura, y esa cosa es que todos moriremos en algún
momento, por lo que toda experiencia perdida no volverá, y ahora que nos
acompaña la juventud, con su vitalidad, euforia, inocencia y alegría, hemos de
aprovechar para recoger todo lo que la vida nos puede ofrecer. “Collige, virgo,
rosas”, como decía el poeta Ausonio, “coge, virgen, las rosas” (haciendo
referencia a los placeres fugaces de la vida, especialmente al sexual).
Yo recomendaría a
todo el que esté de acuerdo con esta respuesta, que vea la película: “El Club
de los Poetas Muertos”. Es una maravilla de película de Robin Williams, cuya
conclusión es esa.
Pero sin embargo
el Sr. Rockefeller dice justo lo contrario, que ahora nos toca sembrar y no
recoger. Quizás alguno piense que es el consejo de una persona amargada, que
añora y envidia la juventud, pues el volver a ella es lo único que no puede
conseguir con toda su fortuna. Pero yo más bien creo que es consejo cargado de
buena fe y pragmatismo, pues al igual que la base de una personalidad se forja
en su infancia, la base sólida de un adulto se forja en su juventud, donde se
han de determinar objetivos de vida, donde se han de adquirir los conocimientos
y habilidades que nos faculten para llegar a ser los profesionales que queremos
ser, donde se deben adquirir de forma muy progresiva los hábitos incluso de
ocio, pues el vernos desbordados por muchos de ellos, sin una experiencia y una
personalidad definida podrían hacernos caer en excesos. Estos excesos pueden
ser de todo tipo y nos pueden desembocar a unas adicciones que determinen el
resto de nuestra vida, desde el consumo de sustancias nocivas, como el tabaco,
alcohol o drogas; a la práctica insana de hábitos de todo tipo, desde: el
juego, relaciones personales tóxicas o relaciones sexuales. Hacerlo todo de
forma precoz, desmesurada y sin un conocimiento o adaptación progresiva puede
ser muy perjudicial y puede impedir que en el resto de nuestra vida aprendamos
a disfrutar de esas mismas actividades de forma satisfactoria.
Quizás por unos
atracones tempranos, luego nunca más podamos disfrutar de la comida…
Y la misma
reflexión cabe respecto a la labor formativa y educativa, claro que ahora
tenemos que dedicar el día y la noche a ella, pues es la cimentación sobre la
que luego podremos construir todo aquello de deseamos. Esa será la estructura
que facilite nuestra tarea de arquitectos de proyectos de vida, y sin una buena
estructura, todo lo que diseñemos se caerá y no se hará realidad.
Esto último se
tiene siempre que realizar recordando vivir,
palabra que parece una mísera acción que todos realizamos sin ningún esfuerzo,
pero no es así. Si no sentimos, caemos y nos levantamos o no razonamos con
nuestra capacidad crítica que tan humanos nos hace o no prestamos curiosidad a
nuestro alrededor, -realizando todo de manera monótona-, no seremos más que
máquinas perecederas. Y a quién ya le ofendía el que seamos animales, que le
llamen robot no tiene que ser muy agradable…
A demás hay una
cosa que mi padre siempre dice: “nunca se sabe dónde uno encontrará su sitio,
su lugar”. Por eso debemos prepararnos con amplitud, todo conocimiento es
válido y nada es fútil. Sólo tenemos que estar atentos, y algún día veremos
claro cuál es nuestro objetivo, y entonces podremos dirigir todo nuestro
esfuerzo a conseguirlo.
Cuando uno ve a
un deportista de elite como Messi, uno cree que el disfrute de jugar le ha
llevado al éxito, pero no atendemos al esfuerzo diario y obsesivo de este chico,
que desde pequeño sólo se dedicó en cuerpo y alma a sembrar para poder llegar a
recoger algún día el fruto de tanto sudor. Él ha tenido la suerte de que así ha
sido, pero otros muchos no llegan a ver el fruto de su trabajo. Por eso el
consejo siempre debe de ser el sembrar, sembrar mucho y además a poder ser
sembrar todo tipo de semillas, pues tampoco debemos centrarnos en una sola
semilla. Si el clima no acompaña se puede malograr todo nuestro esfuerzo,
quizás lo óptimo sea el sembrar mucho y de forma variada, para así tener la
mayor certeza de que el futuro nos brindará unos tiempos de cosecha
agradecidos, y veremos el fruto repetido de este esfuerzo temprano una cosecha
tras otra. Pero ahora es el momento, no se puede sembrar fuera de plazo, pues
ya no habrá tiempo para que las semillas germinen y maduren.
Igual ocurre con
las personas, él me dice que a algunos de sus mejores amigos de toda la vida
los conoció tras un enfrentamiento con ellos. No se puede prejuzgar a nadie,
siempre hay que dar la oportunidad de conocer a la gente, y ahora en la
juventud hay que ser generoso con la amistad y el cariño, esa es la única forma
de obtener con el tiempo el fruto de la amistad o el amor de los demás. Pero no
es bueno ni necesario el correr o el forzarlas, lo que deba de venir, vendrá y
lo mejor es estar preparado para ello en todos los aspectos.
¡Gracias Sr.
Rockefeller por el consejo! No tanto por aspirar a ser millonario (que tampoco
vendría mal), sino por aspirar a poder tener una vida adulta llena de
satisfacciones si ahora dedico mis esfuerzos a poner las bases para ello.
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